El exdelantero de Boca Juniors Emmanuel Gigliotti se refirió este jueves al penal que erró ante River Plate en la vuelta de la semifinal de la Copa Sudamericana 2014 y reconoció que esa jugada aceleró su fin de ciclo en el Xeneize. "Salí del club por eso. Por ahí me podría haber quedado, pero no iba a tener oportunidades", rememoró, aunque marcó que ese momento luego lo llevó a consagrarse en Independiente.En una entrevista en DSports Radio, al futbolista le preguntaron cuándo se dio cuenta que se había terminado su tiempo en Boca -club al que llegó en 2013 y del que se fue en 2015- y respondió: "Después de aquella eliminación [contra River] vino el fin de temporada. Después las vacaciones y, tras arrancar la pretemporada en Tandil, empezaron a llegar los refuerzos y yo sabía que iba a quedar relegado. Vos podés estar en el mejor club del mundo, en el Barcelona o el Real Madrid, y vos querés jugar".GIGLIOTTI Y EL PENAL ERRADO ANTE RIVER ð??£El Puma habló del penal que Marcelo Barovero le atajó en las semifinales del Sudamericana 2014 ð???Lo escuchaste en #PuedePasar por DSPORTS Radio FM 103.1 #ElSonidoDelDeporte ð??» pic.twitter.com/WKCd5LcL8b— DSports Radio 103.1 FM (@DSportsRadio) October 30, 2026Luego, habló sobre un hecho puntual que marcó su paso por Boca: durante el partido de vuelta de las semifinales de la Copa Sudamericana 2014, cruce en el que se enfrentaron el Xeneize y River, Gigliotti erró un penal sobre el principio del encuentro. Minutos más tarde, Leonardo Pisculichi anotó para el Millonario y, con ese 1 a 0 en el global, el conjunto de Núñez clasificó a la final y luego salió campeón."Está el efecto mariposa. Es decir, ¿qué hubiera cambiado si lo metía? Dos años después tuve la suerte de llegar a Independiente y, a partir de allí, todos los cambios que tuve en mi carrera fueron a partir de ese penal. Por ahí los cambios vienen por salir campeón y otras, como en mi caso, por errar un penal", explicó. Sobre la trascendencia que tuvo aquella jugada, que fue atajada por Marcelo Barovero, Gigliotti subrayó: "Yo soy más conocido por haber errado ese penal que si lo hubiera hecho". Además del penal, en ese encuentro, al Puma le anularon un gol por fuera de juego. Si bien en 2014 todavía no estaba reglamentada la revisión de las jugadas en el VAR, el jugador estaba en posición lícita. Aún así, el tanto fue anulado. En ese sentido, Gigliotti ironizó y sostuvo que "solamente estaba un metro adelantado".Durante su paso por Boca entre 2013 y 2015, Gigliotti disputó 62 partidos oficiales, convirtió 23 goles y se consagró campeón del campeonato de Primera División 2015. Por otro lado, su único gol contra River lo anotó en el triunfo del Xeneize por 1 a 0 en el Monumental por el Torneo Inicial 2013.Más adelante, el exatacante se refirió a Rodolfo Arruabarrena, quien lo dirigió en aquella semifinal y que hoy transita su segundo ciclo como entrenador del Xeneize. "El Vasco y todo su staff tienen una capacidad muy grande. Algo que ya se está viendo de esa mano en este Boca. Gustavo [Roberti, preparador físico], como dicen los uruguayos, despegaba", puntualizó.GIGLIOTTI SOBRE EL VASCO ARRUABARRENA â??ï¸?En #PuedePasar, el Puma se refirió al DT de Boca, con el que ya coincidió en su primer ciclo ð?¤?Lo escuchaste en DSPORTS Radio FM 103.1 #ElSonidoDelDeporte ð??» pic.twitter.com/xkHFk6HTuC— DSports Radio 103.1 FM (@DSportsRadio) October 30, 2026"El grupo que teníamos en aquella época en Boca era muy lindo. Y el Vasco era un fuera de serie", agregó el exdelantero. Por último, y sobre si es decisivo la formación de un buen grupo humano para obtener campeonatos, Gigliotti remató: "Hay excepciones. Pero tenés más probabilidades de que te vaya bien si hay sinergia y unión: si tiran todos para adelante".
Estaban citados por el fiscal Picardi y el juez Lijo para este jueves, pero la Justicia accedió a la prórroga que solicitaron. Leer más
El juez federal Ariel Lijo citó a indagatoria a los hermanos Jonathan y Emmanuel Kovalivker, dueños de la droguería Suizo Argentina, en la causa que investiga un presunto esquema de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) durante el gobierno de Javier Milei. Dispuso, además, la inhibición general de bienes de los dos.Lijo tomó su decisión menos de 24 horas después de que se incorporara a la causa el pedido de citaciones e inhibiciones. Las indagatorias fueron promovidas, este miércoles, por los fiscales federales Franco Picardi y Sergio Rodríguez -titular de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA)-, que sostuvieron que la droguería de los Kovalivker había "cooptado" la Andis y organizado un esquema de cartelización y sobreprecios. En total, los fiscales habían solicitado 43 indagatorias; casi todas fueron ordenadas hoy por Lijo, que inhibió los bienes de 36 personas; en su mayoría, representantes de las empresas que, según los fiscales, participaron de la cartelización.Las audiencias empiezan el jueves próximo, con las declaraciones de los hermanos Kovalivker y de Diego Viner, director de Compras de la droguería Suizo Argentina.Noticia en desarrollo
La cinta llega a la plataforma el viernes 23 de octubre, a tres años del impacto del ciclón en Acapulco; el rodaje se realizó en los Estudios Churubusco con un equipo de 500 personas en efectos especiales
El Festival Internacional del Día de Muertos Tláhuac tendrá seis escenarios en la alcaldía capitalina, con China como país invitado y actividades en San Andrés Mixquic vinculadas a más de 500 años de tradición
El escritor francés pasó por el país para presentar su último libro, Koljós, y movilizó a sus fanáticos, que lo siguieron a todas sus conferencias. Una periodista de Viva cuenta la experiencia en primera persona.
Laurent Nuñez asumió la responsabilidad por los fallos en los operativos, mientras el Gobierno anunció restricciones localizadas tras los saqueos y las detenciones.
Desde el Palacio del Elíseo, el presidente hizo un llamamiento a "los partidos políticos, las organizaciones profesionales y sindicales para que condenen sin ambigüedad" la violencia.El sábado, manifestantes y vándalos interrumpieron las protestas contra el alto costo de la vida. Al menos 2000 personas fueron arrestadas y más de 600 policías, gendarmes y bomberos resultaron heridos. Un manifestante falleció en París.
El presidente Abelardo de la Espriella ordenó retirar del recinto las imágenes vinculadas a Carlos Pizarro Leongómez, instrucción que derivó en el desmonte de al menos 30 piezas de las exhibiciones permanentes
El escritor francés convocó a multitudes durante su visita a la Argentina, donde presentó su nueva novela, "Koljós". Su historia familiar, los secretos de su obra, la política, la inteligencia artificial y una mirada sombría sobre el futuro de las nuevas generaciones.
En el reto de la caja misteriosa, el participante contó que el confinamiento y una separación afectaron su vida personal antes de sus nuevos proyectos en televisión
París realizó el primer lanzamiento de la última versión del proyectil balístico desde un submarino. La operación se realizó sin ojiva nuclear.
El gran escritor francés vino a Buenos Aires y aquí habla de su obra reciente y de la que lo consagró. Presenta su reciente novela de no ficción Koljós.
Ni la lluvia ni el inusual frío de esta primavera disuadieron a los devotos de Emmanuel Carrère de presentarse en el auditorio del Malba, donde el escritor francés dialogó durante algo más de una hora con Javier Sinay, en el marco de la 18ª edición del Filba (Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires).Anoche, Carrère fue entrevistado por Leila Guerriero en el salón de actos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y, tal como ocurrió allí, esta mañana fue ovacionado como un rockstar, aunque esta vez ante un público mucho más reducido, porque el auditorio del museo tiene capacidad para 224 personas. Las entradas, de $30.000, se habían agotado en una hora cuando salieron a la venta, a principios de septiembre.Escuchar y seguir instrucciones: el legado de la artista desconocida más famosa del mundoCarrère cronista, como se tituló el encuentro, ahondó en el proceso de escritura de Koljós, su último libro, aunque Sinay aprovechó la ocasión para indagar también en sus lecturas, la música y en algunos de los títulos que lo consagraron, como El adversario, Limónov y Una novela rusa.La pregunta que sobrevoló la conversación entre los escritores fue tan simple como imposible: ¿Cómo hace Emmanuel Carrére lo que hace? ¿Cómo logra abordar historias y personajes tan complejos sin suavizarlos, y, aún así, hacer que se filtre cierta luminosidad en cada uno de sus relatos? Porque ya sea cuando escribe sobre el atentado al Bataclán, el tsunami devastador que golpeó Asia en 2004, la depresión que lo llevó a pasar varios meses internado o, ahora, la muerte de sus padres con apenas unos meses de diferencia, Carrère no edulcora la tragedia ni recurre al golpe bajo. Pero tampoco se queda atrapado en ella. Incluso en sus libros más oscuros hay algo que persiste más allá del dolor: el afecto, el deseo, el humor, la curiosidad por los otros, cierta obstinación de la vida por continuar. Pesimista y por momentos brutal, Carrère parece encontrar una y otra vez aquello que sobrevive al desastre.Para intentar desentramar ese misterio, Javier Sinay le propuso al escritor "acercarse a su mesa de trabajo", a su proceso creativo, a ese lugar donde decide qué contar y qué dejar afuera, y Carrère aceptó el juego. Se tomó el tiempo necesario para pensar y responder las preguntas y por momentos, convirtió la charla en una suerte de clase de escritura.La obra "extraordinaria" de un artista boliviano fue rescatada de un basureroDesde que publicó Yoga, contó, trabaja con una técnica que él mismo se fue armando, que consta en capítulos breves, compuestos por un único bloque de texto que pueden ocupar "desde cinco líneas hasta varias páginas". A cada uno, además, le pone un título corto. En Koljós hay entre 250 y 300 de esos bloques. Carrère los piensa casi como los planos de una película: algunos son brevísimos, casi inserts; otros, verdaderos planos secuencia que necesitan varias páginas para desplegarse. Y después, llega el montaje. "Me gusta mucho tener esa especie de reserva de planos que luego organizo un poco a mi gusto", explicó.Es ahí, de hecho, donde la escritura empieza a resultarle placentera. Lo difícil, dice, viene antes. "Producir la materia prima, producir el texto de base, siempre es muy ingrato. Uno tiene la impresión de que es muy malo haciéndolo, de que no va a llegar a nada con eso", admitió. Solo cuando existe esa primera versión "muy imperfecta, muy decepcionante" empieza a mover, cortar y reordenar las piezas. "Uno comienza a hacer un trabajo de montaje y ahí, inmediatamente, es como si empezara a tomar forma".En Koljós, donde reconstruye con detalle la historia de su familia (francesa por parte de padre, rusa y georgiana por parte de madre), podría decirse que Carrère corrió con cierta ventaja en lo que respecta a la materia prima. Durante años, su padre, Louis, recopiló en carpetas información sobre su propio árbol genealógico, pero especialmente sobre el de su mujer, la reconocida historiadora Hélène Carrère d'Encausse."Mi padre guardaba todo: las velas de nuestros cumpleaños; si habíamos festejado algo tomando champagne, guardaba el corcho de la botella y escribía en él la fecha, la circunstancia, todo", contó. Al fallecer su padre, en medio de ese "gran desorden", encontró las carpetas con las investigaciones genealógicas. "Estaban tan bien organizadas que pensé: 'Esto no lo hizo solamente para él'. Lo hizo para alguien, lo hizo para mis hermanas y para mí. Prácticamente no tuve que investigar para este libro porque la investigación ya estaba hecha por él. Era como si mi padre, desde donde estuviera, me dijera: 'Esto es tuyo. Hacé con esto lo que quieras'".A la hora de condensar su método en consejos concretos, Carrère recordó una regla que aprendió escribiendo guiones. A veces, explicó, hay escenas que parecen indispensables para que una historia se entienda, pero que se resisten al momento de escribirlas. "Mi regla es: si te rompe las pelotas, no la escribas", dijo. Muchas veces, agregó, al quitar esa escena uno descubre que no era tan necesaria como parecía y que el relato incluso funciona mejor sin ella, que el lector la puede intuir. Y ante la última pregunta de Sinay -qué consejo les daría a quienes quieren escribir no ficción-, Carrère fue todavía más sintético: "Perseveren".Hacia el final, la conversación abandonó por un momento la mesa de trabajo. Sinay quiso saber qué música había escuchado Carrère durante el largo vuelo que lo llevó primero a Brasil, antes de llegar a Buenos Aires. La respuesta despertó entusiasmo entre el público: ninguna, porque había estado leyendo Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez: "Me entusiasmó por completo. No tuve ni tiempo ni ganas de escuchar música porque estaba completamente absorbido por ese libro".Pasado el mediodía, hubo unos minutos para que el público pudiera hacer algunas preguntas y, por último, Carrère firmó ejemplares. "En la década del 70 se decía que The Clash era la única banda que importaba. Creo que para muchos de los que estamos acá vos sos el único escritor que importa", dijo Sinay al despedirlo.Todos los "carreristas" que hicieron cola al final abandonaron el Malba con sus ejemplares firmados bajo el brazo y una foto con Carrère, tomada amablemente por organizadores del Filba. Afuera, después de una mañana de lluvia y frío, el cielo empezaba a despejarse.
Más de 800 personas colmaron ayer, desde las 20, el imponente salón de actos de la Facultad de Derecho de Buenos Aires para recibir a Emmanuel Carrère, el autor francés que desde hace dos días tiene revolucionado al mundo cultural porteño. Emmanuel Carrère en primera persona fue el nombre del encuentro que el autor de libros como El adversario, De vidas ajenas, Limónov y su más reciente obra, Koljóz, mantuvo con Leila Guerriero en el marco de la 18ª edición del Filba (Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires). Se sabe: Carrère despierta devoción entre sus lectores, dispuestos a aplaudir su presentación como si se tratara de una estrella de rock que, fiel a su estilo, respondió a la ovación filmando al auditorio con su celular.Lo cierto es que, a lo largo de los años, Carrère construyó una obra nutrida de vidas ajenas, historias familiares, tragedias y obsesiones políticas. Y cada libro, de una u otra forma, parece volver sobre la misma pregunta: ¿puede un escritor apropiarse de la experiencia de los demás y convertirla en literatura? "Su prosa es contagiosa, sus textos están repletos de una electricidad que demuestra deseo por el mundo", lo presentó Guerriero, quien destacó especialmente su singularidad: esa mirada narrativa atravesada por la ambivalencia de acercarse a los demás para comprenderlos y, al mismo tiempo, desconfiar de sí mismo.Escuchar y seguir instrucciones: el legado de la artista desconocida más famosa del mundo "Es cierto, tengo una tendencia a desconfiar de mí mismo", destacó el escritor, que se tomó su tiempo para pensar las respuestas, respaldado por el mecanismo de traducción simultánea al que también accedieron los asistentes mediante dispositivos entregados para la ocasión. "Hay dos tipos de cronistas: están quienes quieren dar su opinión, hacer análisis, editorializar su trabajo, y están quienes ven las cosas, lo concreto de las personas. Yo me ubico en este segundo grupo; desconfío siempre de dar mi opinión", dijo Carrère. La obra "extraordinaria" de un artista boliviano fue rescatada de un basureroPodría decirse que el escritor hizo de ese movimiento una poética, pero también un campo de batalla moral. En este sentido, uno de sus libros más representativos es El adversario, donde reconstruye la historia de Jean-Claude Romand, un hombre que durante años fingió ser médico hasta que su mentira quedó al descubierto y asesinó a toda su familia (mujer, padres e hijos). Carrère lo contactó en la cárcel a través de una carta y mantuvo con él varias conversaciones. Durante la charla, Guerriero retomó ese intercambio epistolar, incluido en el libro, y destacó su "falta de complacencia".Acostumbrado a la exposición y el autorreproche público, sin embargo, Carrère la refutó con resignación elegante: "Hubo una complacencia no voluntaria de mi parte, porque en la carta yo no dije 'lo que usted hizo sino 'lo que a usted le pasó', como si Romand fuera víctima de una tragedia", compartió con el público. "¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Qué pensarán mis hijos de mí?", eran las preguntas que lo atormentaban durante la escritura. Tras la publicación y el éxito de El adversario, sin embargo, Carrère entendió algo que lo tranquilizó: sus lectores fueron capaces de proyectarse en la historia. "No en el crimen, sino en el sostener una mentira a fin de acomodar la propia vida a las apariencias y terminar atrapados en ese engranaje".Lo suyo no es una atracción por el mal en sí mismo, agregó, sino la posibilidad de realizar un retrato de las personas, ese objeto narrativo que domina con maestría. "Yo no me pongo en el lugar de los personajes, intento comprenderlos", detalló. No hablaba solo de El adversario sino también de Limónov, el libro que aborda al escritor y disidente ruso Eduard Limónov y lo refleja como una figura tan excesiva que parece inventada. Claro que Carrère va un poco más allá, porque la novela es el personaje pero es, también, el siglo que lo atraviesa: la caída del comunismo, las ruinas ideológicas, la violencia y el desconcierto de una época. De vidas ajenas, publicado en 2011, retrata casos extremos que van de las tragedias naturales como el tsunami de 2004, hasta enfermedades terminales que marcan los límites de la condición humana. Este es, para Carrère, su libro "menos neurótico", ya que los mismos protagonistas le pidieron que lo escribiera. Aún así, como señaló Guerriero, se permitió exponer las propias miserias en un despliegue magistral de escritura, como los celos que sintió cuando, en el hotel de Tailandia donde se alojaban, su mujer acompañó durante un día entero a un padre que había perdido a su hija de tres años en el tsunami. Con la confianza propia de un oficio desplegado con maestría, Guerriero indagó, también, en los períodos de depresión y bloqueos creativos, dándole a Carrère el pie para hablar de Una novela rusa. En ese libro, el escritor decidió contar una historia que le pertenecía tanto a él como a su madre (la reconocida historiadora Hélène Carrère d'Encausse) pero que, justamente por eso, lo hacía sentir frente a Medusa y que lo "petrificaba". Sucede que la trama gira alrededor de su abuelo materno, un hombre acusado de colaborar con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, desaparecido al finalizar el conflicto. La familia había convertido aquel pasado en una zona de silencio y la madre de Carrère no quería que se escribiera sobre eso, pero él lo hizo. Sabía que podía herirla, pero también sentía que debía contar esa historia. Las consecuencias personales se hicieron sentir, pero paradójicamente, fue esta escritura "problemática" la que lo sacó de una manera "violenta y transgresora" de la depresión. Por eso, dice Carrère, le salvó la vida. Aunque el mismo escritor admitió que en ese relato maltrató a su madre y a su pareja de aquella época, el libro "provocó problemas pero no catástrofes y me permitió volver a ponerme en actividad". Con el tiempo, incluso, su madre terminó aceptando la publicación. "Cuando vio que no sucedió nada se sintió liberada, terminó diciéndome que había sido una buena idea escribirla y publicarla", dijo Carrère.La escena podría funcionar como una metáfora de toda su obra, que avanza ahí donde otros prefieren callar. No lo hace para denunciar ni para absolver, repite, sino para entender. Ahora, acaba de publicar Koljóz, escrita tras la muerte de su madre. Si allí cuenta la historia de Hélène y su familia lo que se narra es, también, gran parte del siglo XX. Hija de emigrados georgianos y rusos, la madre del autor padeció las consecuencias de la Revolución antes de convertirse en su historiadora. Por eso Koljóz conjuga Historia e intimidad en temas como la aristocracia rusa en el exilio, la neurosis, el amor trunco y el vínculo con los hijos. Fue precisamente ante la muerte de su madre, durante la etapa de agonía y cuidados paliativos, cuando Carrère encontró sus aspectos más positivos. "Mi madre tuvo una muerte admirable, estoica -detalló en la charla-. La muerte es la coronación de una vida y la suya, que duró varios días, tuvo este matiz particular, me provocó admiración y me impulsó a escribir. Sentí que estaba viendo lo mejor de mi madre y que eso merecía ser contado. Es un libro de duelo, pero lo escribí sumergido en una tristeza suave, tengo una relación afectuosa con este libro", dijo el escritor, que también mencionó la palabra "redención" para referirse al proceso. La escritura, para Carrère, es en definitiva un vehículo, una herramienta, una forma de vida. Por eso, cuando Guerriero le preguntó, finalmente, si pensaba dejar de escribir en algún momento la respuesta fue un "no" contundente. "No sé qué otra cosa podría hacer, me encanta escribir. ¿Por qué me privaría de lo que me hace feliz? La escritura es mi instrumento de conocimiento, mi acceso a lo real".
El escritor francés, que publicó "Koljós", un libro en el que enlaza la historia de su madre con los emigrados rusos en Francia, se considera "una persona que pinta retratos".
El escritor francés está en Buenos Aires para participar del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba). Aquí, reconstruye la historia de su madre, Hélène Carrère d'Encausse, reconocida especialista en la Unión Soviética. También reflexiona sobre Rusia, la guerra en Ucrania y el legado de cuatro generaciones marcadas por el exilio.
Este hombre plácido, extremadamente amable, que toma un café enmarcado por uno de los magníficos interiores de la Embajada Francesa, es el mismo que se expuso al límite en el libro Yoga, que se hundió en las oscuridades el mal en El adversario, que provocó una suerte de catástrofe familiar cuando publicó Una novela rusa. Emmanuel Carrère (París, 1957), sin duda la gran figura invitada en esta edición del Filba Internacional, reconoce que está en un buen momento. Y no duda en definir como luminoso su último libro, Koljós (que, por cierto, lo es). "Puedo decir que en los últimos momentos de la vida de mi madre no vi más que su grandeza. Una grandeza real, que incluía defectos"Forjado en el periodismo, autor de novelas de ficción, ensayista, guionista (es autor, junto con Olivier Assayas, del guion de la versión cinematográfica de El mago del Kremlin) y figura destacada de la no ficción, en su último libro Carrère indaga -como otras tantas veces- en sí mismo y en los que lo rodean, y construye un texto complejo que, a la vez, ofrece una lectura ágil, seductora. Una fórmula en la que el autor francés navega con soltura.Una de las líneas conductoras de Koljós es la historia de Hélène Carrère d'Encausse, la severa madre del escritor, historiadora y miembro de la Academia Francesa, fallecida en 2023. Otra línea es la de la la "Rusia blanca": la comunidad de aristócratas rusos emigrados a Francia tras la Revolución de 1917, de la cual formó parte su abuela materna. Y otro hilo es Ucrania. Y otro los padres, los hijos, el conflicto y la posibilidad del amor. -De algún modo, Koljós es un libro sobre el legado. ¿Si tuviera que elegir el principal legado que le dejó su madre, cuál sería? ¿Y si tuviera que elegir el peor? -Sin ninguna duda, lo primero es la lectura. La pasión, el encuentro con el mundo que implica la lectura. Fue mi madre quien me enseñó a leer. Y sé que es algo que yo transmití a mis hijos. Creo que es una inmensa riqueza en la vida. En cuanto a la cuestión un poco envenenada: el gusto de la importancia, el gusto por el reconocimiento. Ese tipo de necesidad que tenía mi madre de manera muy marcada. En mí no se manifiesta tanto en lo institucional, que es lo que le gustaba a ella, pero ser tratado como un escritor importante me gusta, es como si fuera una especie de validación. Es a la vez un defecto y una virtud, porque te hace avanzar y al mismo tiempo te limita un poco humanamente. "Creo que en ningún lugar se puede vivir tranquilamente hoy en día"-Hay una imagen en el libro muy conmovedora, cuando usted entra en su cuarto y descubre que ella dormía en una especie de sofá, de una manera muy modesta.-Es como si ese detalle expresara toda la personalidad de mi madre. Es decir, está ese deseo de importancia, vivir en una especie de palacio, en una habitación inmensa. Y dormir en un mueble minúsculo. Realmente mi madre tenía ese costado de coronel prusiano [sonríe]. Tenía una disciplina increíble. Se refugiaba incluso de cualquier aspecto de hedonismo. Y me parece hermoso; puedo decir que en los últimos momentos de la vida de mi madre no vi más que su grandeza. Una grandeza real, que incluía defectos. Pero esa especie de heroísmo, de valentía hasta el final, me ha inspirado mucha admiración.-El libro es sobre su madre, pero también sobre su padre. El peso que él termina adquiriendo, ¿fue una decisión desde el comienzo o surgió a partir del trabajo con la escritura? -Emergió. Realmente comencé a trabajar este libro como un libro sobre mi madre e incluso sobre Rusia, que es la historia de la familia de mi madre. Mi padre era un personaje misterioso. Lo amé mucho y sé que él me amó, pero era misterioso. Mi madre no era misteriosa, mi madre era imperial [sonríe], ocupaba mucho espacio, pese a ser una mujer pequeña. Mi padre hizo un enorme trabajo con archivos genealógicos; yo sabía que lo hacía. Pero recién cuando me los dio me doy cuenta de que en esos archivos había un acceso a la historia de la familia de mi madre mayor del que imaginaba. Ya no necesitaba hacer investigación, él lo había hecho todo. Sin ese aporte el libro no hubiera sido tan amplio: cubre cuatro generaciones, un siglo. Tuve la impresión de que mi padre, que había estado en la sombra toda su vida, entraba en una especie de luz. Por eso mi gran alegría fue escribir la escena final del libro, que no había previsto cuando lo comencé. El libro se inaugura con la ceremonia oficial por la muerte de mi madre, con todo el mundo presente, la Guardia Republicana, Macron. Y termina con un hombre que camina solo en una bosque, en los Pirineos. Este final fin no es triste en absoluto. No lo había previsto, pero cuando llegó, dije: "Vaya, el libro se termina". "Actualmente, creo que Rusia muestra un aspecto terrible. Digo esto porque, a pesar de todo, he pasado una parte de mi vida amándola"-Muchas veces usted pagó un precio por escribir sobre sí mismo y sobre sus personas cercanas. ¿Cómo considera ese precio, caro o manejable?-El libro por el que tengo la impresión de haber pagado caro es El adversario. Fue muy difícil hacerlo. Una novela rusa fue conflictivo. Y en Yoga hubo una gran autoexposición. Koljós, para nada. Es un libro escrito con liviandad, me sentía bien escribiendo. Por supuesto que sé que se mencionan cosas que a mis padres no les habrían gustado. Pero, en general creo que habrían aceptado este retrato. Es un libro con el que estoy completamente en paz. Es curioso porque es un libro de dolor y al mismo tiempo un libro feliz. -Sobre el decir y no decir, sobre los precios a pagar: vivimos en una época que parece demandar posiciones de blanco o negro, opiniones unívocas. Su escritura, en cambio, transita los grises, los matices.-Cuando hago periodismo, elijo el periodismo de reportaje y no el periodismo de tribunas, de editoriales. Creo que no soy muy bueno en las opiniones. Desconfío de mi propia opinión, por lo que prefiero no expresarla. Pero, cuando hay oportunidad, intento hacer reportajes, intento registrar la complejidad humana. "Nunca supe cómo surgen los temas. Es bastante misterioso. No depende enteramente de nosotros, no es algo puramente voluntarista" -¿Le importa cierta búsqueda de la verdad?-No sé si busco la verdad; busco contar. Por ejemplo hice un film en Ucrania que consiste en interrogar a la gente en los trenes, simplemente. La gente cuenta su vida, su experiencia en la Guerraâ?¦-Como historiadora especializada en Rusia, su madre respetaba la figura de Vladímir Putin; de hecho estaba convencida de que nunca invadiría Ucrania. ¿Cómo es su posición frente a esta "madre Rusia", que Putin pareciera querer encarnar?-Actualmente, creo que Rusia muestra un aspecto terrible. Digo esto porque, a pesar de todo, he pasado una parte de mi vida amándola. Aun sabiendo que no es un país amable, que es un país brutal, que no tiene ninguna experiencia de libertad. Pero al mismo tiempo había algo que siempre amaba en Rusia, el aspecto bigger than life, la impresión de que todo es posible; hay una amplitud novelesca en Rusia. -Y en este momento, frente a lo que está ocurriendo en Europa, la idea de armarse frente a una amenaza, precisamente, rusa, ¿cómo mantener la tranquilidad?-Creo que en ningún lugar se puede vivir tranquilamente en la actualidad. Hay una novelista argentina que adoro, Mariana Enriquez; sé que ella se fue a vivir en Tasmania. Tal vez en Tasmania estén relativamente tranquilos por un poco más de tiempo, pero no durará [risas].-Hubo generaciones que vivieron un pequeño fin del mundo cuando se derrumbó su mundo simbólico, su mundo material, su mundo social. Nosotros, los que nacimos y crecimos en el siglo XX, ¿estaríamos viviendo nuestro pequeño fin del mundo en este siglo XXI tan inestable?-Me temo que es el grande. No es muy alentador. Los inmigrantes rusos que habían perdido todo, esa "inmigración blanca" que llegó a Francia, eran muy pobres, no hablaban francés... Pero en general fue una migración que se integró muy bien desde la segunda generación. Eran personas que pertenecían a una élite, personas instruidas, educadas. Preservaban una idea de su dignidad.-Le hago una pregunta digna de esta ciudad tan psicoanalizada. En uno de sus libros usted dice que, después de años de hacer psicoanálisis, llegó un momento en que con respecto a este método, se sentía como quienes habían sido comunistas y terminaron tomados por el anticomunismo. -Hay que en un momento dado en que hay que llamarse a la verdad. El comunismo no funcionó, lo siento. Ahora, en relación al psicoanálisis, mantengo la admiración por Freud, incluso por su obra como una obra literaria; creo que fue un pensador audaz y liberador. Sobre lo que tengo dudas es sobre la virtud terapéutica del psicoanálisis tras prácticamente 30 años de analizarme. Como cuento en Yoga, cuando caí en una depresión particularmente profunda, la solución la dieron los psiquiatras. Yo tenia un problema bipolar, y el litio cambió mi vida.-¿Qué tema u objeto de lo real está observando en este momento que pueda llegar a devenir en un nuevo proyecto, un nuevo libro? -No tengo nada actualmente. Sí me interesa como a todo el mundo la actualidad absolutamente paroxística en la que nos encontramos, pero no tengo un tema. De hecho, me hace falta. Porque cuando uno tiene un tema, se arma una especie de foco.-¿Cómo surgen esos temas, esos focos?-Esa es una gran pregunta. Nunca lo supe. Es bastante misterioso. No depende enteramente de nosotros, no es algo puramente voluntarista. Para agendarEste viernes, a las 20, Emmanuel Carrère dialogará con Leila Guerriero en el salón de actos de la Facultad de Derecho (UBA). Gratis (las entradas se retiran desde las 15 en el Malba y desde las 18, en la Facultad). Se transmite por el canal de Filba en YouTube. Para la charla del sábado, a las 11, en el Malba, los cupos están agotados.
El presidente Javier Milei fue recibido este jueves por su par francés, Emmanuel Macron, en el Palacio del Elíseo, en París, en el marco de la visita oficial que el mandatario argentino realiza a Francia para encabezar una nueva edición de la Argentina Week Leer más
El mandatario está en Francia donde encabeza el Argentina Week, el evento de inversiones que hoy tuvo su primera jornada en la sede de la OCDE
Figura estelar del Filba, el consagrado escritor francés habla en esta charla de su obra: la reciente y la que lo consagró. Reflexiona acerca de la verdad, las vidas interesantes, los libros fundamentales y hasta recomienda hacer yoga. Clarín y Revista Ñ acompañan este festival.
El mandatario viaja este martes junto medio gabinete, 13 gobernadores y una importante comitiva de empresarios. Leer más
El BOE publica las distinciones que recibirán el presidente francés, la primera dama y parte de su delegación en una visita clave para la relación bilateral